Los Andes Tropicales
constituyen la ecorregión terrestre prioritaria (ETP) o hotspot de mayor
riqueza y diversidad del planeta. La enorme variedad de ambientes que contiene
esta cordillera generan condiciones climáticas particulares, que han propiciado
la evolución de un notable número de especies de plantas y animales
(Mittermeieret al. 1997). Dentro de
estos ambientes destacan los bosques secos neotropicales debido a que son
considerados como una biorregión con una rica biodiversidad y forma parte de
los principales centros de endemismo de flora del país (Aguilera et al. 2003).
La Cordillera de los Andes es
un gran bloque de montañas que se extiende desde los 200 m en el piedemonte
hasta cerca de los 5000 m en el Pico Bolívar. Este amplio rango altitudinal
ocasiona un importante gradiente de temperaturas, marcadas variaciones en las
lluvias, que determinan la aparición de diferentes condiciones ambientales y
condicionan la existencia de una gran variedad de tipos de vegetación (Ataroff &
Sarmiento 2003). Sin embargo; a pesar de su importancia biológica, esta
biorregión ha estado sometida a una intensa tasa de deforestación, durante las
últimas seis décadas (Portillo-Quintero & Sánchez-Azofeifa 2010, Miles et al. 2006, Gillespie et al. 2004, 2000, Trejo & Dirzo,
2000). Por otro lado, grandes áreas de bosques secos han desaparecido,
principalmente las situadas al norte del río Orinoco (Aymard & González
2007, Huber et al. 2006, Fajardo et al. 2005), debido al poco consenso de
integrar los ambientes modificados por el hombre con la conservación de la
biodiversidad y al escaso interés en utilizar los planes de manejo forestal
diseñados para lograr un equilibrio en la explotación y conservación del bosque
natural. En el Estado Trujillo la vegetación boscosa está compuesta por
pequeños fragmentos de bosques muy intervenidos y, en algunos casos, sólo
quedan especies testigo (Madi 2011).
Las actividades humanas han
modificado en gran escala la estructura y la composición florística de los
bosques secos tropicales, actualmente, considerados como el ecosistema con las
mayores tasas de intervención y pérdida de biodiversidad en el mundo
(Portillo-Quintero & Sánchez-Azofeifa; 2010, Castillo-Campos et al. 2008; Pennington et al. 2006;Prance 2006). El interés por
la conservación de los bosques secos ha quedado rezagado detrás del que hay por
los bosques lluviosos. Estos son, después de todo, ecosistemas menos
glamorosos. Sumado a esto, el endemismo de aves es mucho mayor en el bosque
seco que en el bosque lluvioso, entonces la probabilidad de extinciones es
grande si estos ecosistemas continúan siendo alterados debido a las actividades
agrícolas (Kricher 2010).
En el Núcleo Universitario
Rafael Rangel (NURR-ULA-Trujillo) existe un fragmento de bosque natural que
podría tipificarse como una transición entre las unidades ecológicas bosque
caducifolio seco y selva semicaducifolia (Ataroff & Sarmiento 2003). Aunque
está sometido a una amenaza importante de intervención antrópica, aún conserva
rasgos de buena calidad ambiental, razón por la cual se hace necesario y
urgente la toma de medidas tendientes a la conservación de su integridad.
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